Los dos pilares de la motivación

Si introducimos “motivation” en Google nos aparecen más de 160 millones de entradas. Una enorme cantidad de información que ya nos dice de la importancia que le damos a este tema. Una palabra que proviene del latin “motivus” y que significa “motivos para la acción”, “causa del  movimiento”.

Entonces queda claro que motivarse es una actividad clave para poder llevar la vida que queremos llevar. Pero además depende de nosotros el conseguirlo. No hay excusas, aún y a pesar de las dificultades que podamos encontrar en el camino, la última palabra la tenemos siempre nosotros. Ni la genetica, ni el entorno son decisivos para conseguirlo.

¿ Entonces, que puedo hacer para motivarme ?

Lo primero es creer que sí. Qué si puedo adquirir la habilidad de influir en mí mismo.

¿Y por qué creo que puedo lograrlo?  Muy fácil. Porque tengo una larga historia de éxitos ( y no sólo fracasos). Porque seguro que alguien ha hecho antes algo parecido. Y porque poseo lo básico para lograrlo. Dos son los pilares básicos en dónde apoyarnos:

  • Primer Pilar: Desarrollar visiones adecuadas. De uno mismo, de los demás, y en general de las cosas, proyectos, etc.

Visiones de pasión, positividad y perseverancia. La mente sólo ve lo que le interesa. La realidad no existe. La crea tu mente. Influye en ti mismo y no te centres únicamente en lo negativo o en lo que no te aporta; no dejes que tus visiones y tus compañias te condicionen. Atrevete a cambiar. Hay gente que ya sin hablar te desmotiva. Si vas a comer cada día con un resabiado, como acabarás ?

Gary Hamel en su libro ¨El Futuro del Management¨ nos habla sobre los 3 detonadores que comprometen a un persona a dar lo mejor de sí mismo en su trabajo y en la vida: iniciativa, creatividad y sobre todo, pasión.

Hamel explica cada uno de estos puntos y cómo afectan al trabajador en su labor dentro de las organizaciones. Para generar estos factores en el individuo, se deben sentar las condiciones y visiones para que estas cualidades florezcan en cada persona:

Iniciativa: La gente con iniciativa no espera a que le pregunten y no necesita que le expliquen nada.

Creatividad: encontrar una mejor manera de hacer las cosas, esto es, crear mejores alternativas para la empresa y la vida (innovación).

Pasión y entusiasmo: Las personas apasionadas superan los obstáculos y se niegan a rendirse. La pasión es contagiosa y convierte las cruzadas personales en movimientos masivos.

Esta es la razón por la que hoy es fundamental lograr la pasión de los profesionales. Las organizaciones exitosas son aquellas que saben construir su propia estrategia de motivación de acuerdo con las necesidades individuales de sus colaboradores y de su entorno. Pero la mayor ventaja competitiva sostenible esta en el último escalón, en la capacidad de entusiasmar y entusiasmarse.

¿Dónde está el fallo? Según nuestra experiencia, no debemos confiar demasiado en que la pasión es algo que surge de manera natural, y no la desarrollemos como lo que es: un hábito fundamental para el profesional y la persona.

Y el desarrollo de un talento necesita perseverancia, disciplina para trabajarla como un hábito y ser capaz de mantenerla en toda circunstancia, incluso las menos favorables.

  • Segundo Pilar: Tener un propósito.

Daniel Pink en su libro, “La sorprendente verdad acerca de lo que nos motiva”, destaca la necesidad del ser humano de encontrar un sentido de propósito a su existencia por el hecho de ser el creador y el responsable de su destino.

Pink defiende el concepto de la motivación intrínseca, la cual se construye a partir de la autonomía , la maestría, y el propósito (formar parte de algo más grande que nosotros que tiene sentido y trascendencia); enfrente de la extrínseca, dinero o penalización.

Es decir, lo que verdaderamente impulsa a una persona a dar lo mejor de sus capacidades y a desarrollar su pensamiento creativo y apasionado , son los motivadores intrínsecos, los motivadores de corte emocional, que son los que en realidad generan compromiso, inducen pasión por lo que se hace, y son inherentes a un significativo sentido de propósito.

Lo importante es dónde quiero ir ahora, no dónde quería ir hace unos años, y por cierto, no lo que quieren los demás. Si soy capaz de visualizar ese objetivo, mi cerebro es cómo si lo viviera realmente.

Y ese propósito necesita un plan, con acciones concretas. Especifico, medible, accesible, realista y estructurado en etapas.

Disfruta de cada éxito y recuerda que:

No todas las personas con un propósito tienen éxito, pero si que todas las que tienen éxito tienen un propósito.

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